La clasificación arancelaria de mercancías es uno de los aspectos más críticos del comercio exterior. Aunque muchas empresas lo ven como un trámite técnico o rutinario, la realidad es que una mala clasificación puede derivar en problemas legales, multas, retrasos y hasta el embargo de mercancía.
En este artículo vamos a detallar los errores más comunes en la clasificación arancelaria, sus consecuencias y las buenas prácticas que toda empresa debe seguir para asegurar un proceso de importación o exportación sin sobresaltos.
¿Por qué es tan importante la clasificación arancelaria?
Toda mercancía que entra o sale de México debe estar correctamente identificada en términos aduanales. Esa identificación se realiza a través de un código numérico conocido como fracción arancelaria, el cual indica:
- Qué tipo de producto es.
- Qué impuestos y aranceles se deben pagar.
- Si requiere permisos previos.
- Qué regulaciones no arancelarias debe cumplir (como etiquetado, NOMs, etc.).
- Cuáles son sus restricciones o condiciones de importación/exportación.
Una clasificación incorrecta puede alterar cualquiera de esos puntos, con consecuencias graves.
Errores frecuentes en clasificación arancelaria
A continuación, repasamos los errores más comunes que cometen las empresas en el proceso de clasificación arancelaria. Detectarlos a tiempo es la mejor forma de evitarlos:
Usar descripciones incompletas o imprecisas
Uno de los errores más frecuentes es declarar un producto de forma genérica, sin suficiente detalle. Por ejemplo, decir simplemente “ropa” o “equipo electrónico” no basta. La aduana necesita saber el tipo exacto de prenda, su composición, si es de uso industrial o personal, etc.
Cuanto menos específica sea la descripción del producto, mayor será la posibilidad de asignar una fracción incorrecta.
Basarse únicamente en las facturas del proveedor
Muchos importadores utilizan la descripción del producto que aparece en la factura comercial como base para la clasificación. El problema es que estas descripciones están pensadas para fines contables o comerciales, no aduanales.
Por ejemplo, una factura puede indicar “accesorio para automóvil”, pero eso no explica su función, material o uso específico, elementos clave para determinar la fracción correcta.
No considerar procesos previos o posteriores
Otro error común es no tomar en cuenta si la mercancía ya fue transformada, procesada, ensamblada o reempacada. Un mismo producto puede tener fracciones distintas si está en estado natural, semiprocesado o terminado.
Por ejemplo, una pieza metálica puede clasificarse de una forma si se vende como materia prima, y de otra si es parte de un componente mecánico.
Ignorar la normatividad vigente
La clasificación arancelaria no es estática. Se actualiza frecuentemente en función de nuevas reglas del SAT, reformas al sistema armonizado o acuerdos internacionales. Usar una fracción que ya no está vigente es otro error costoso.
Además, algunas fracciones requieren validación especial mediante criterios anticipados del SAT, y no consultarlos puede derivar en rectificaciones y sanciones.
Consecuencias de una mala clasificación arancelaria
Clasificar mal un producto no solo representa un error técnico: puede tener consecuencias económicas y legales graves para tu empresa.
Multas y recargos
Una clasificación incorrecta puede llevar a pagar menos impuestos de los debidos. Cuando el SAT detecta esta diferencia, impone multas, actualizaciones y recargos que pueden ascender a cientos de miles de pesos.
Retención de mercancía
La aduana puede detener la liberación de tu carga hasta que se aclare la clasificación. Esto afecta tus tiempos de entrega, tu relación con clientes y tu flujo operativo.
Rectificación de pedimentos
Corregir una fracción mal asignada implica realizar rectificaciones de pedimentos, un proceso engorroso que también tiene un costo administrativo.
Además, si el error se repite o se considera doloso, puede iniciar una auditoría aduanera o una investigación más amplia.
Buenas prácticas para evitar errores
La mejor forma de prevenir problemas con la clasificación arancelaria es implementar un proceso profesional y riguroso desde el inicio.
1. Buscar asesoría especializada
Contar con el apoyo de agentes aduanales, consultores en comercio exterior o empresas especializadas como Grupo Multimodal es fundamental. Ellos conocen la legislación vigente, las notas explicativas de la TIGIE y las guías del Sistema Armonizado.
Evita tomar decisiones improvisadas o dejar la clasificación en manos del proveedor.
2. Elaborar fichas técnicas detalladas
Para una correcta clasificación arancelaria, es indispensable contar con información precisa del producto: materiales, uso, composición, función principal, proceso de fabricación, país de origen, entre otros.
Las fichas técnicas deben estar actualizadas y disponibles para todos los actores de la cadena logística.
3. Consultar criterios anticipados y bases de datos oficiales
El SAT publica criterios anticipados y resoluciones que pueden servir de guía para casos específicos. También existen herramientas como:
- TIGIE Digital (Tarifa de la Ley de los Impuestos Generales de Importación y Exportación)
- Buscadores de fracciones arancelarias
- NICO (Número de Identificación Comercial)
- Regulaciones y Restricciones No Arancelarias (RRNA)
Estos recursos permiten validar y afinar la fracción que corresponde a tu producto.
Casos típicos de error
Existen ciertos sectores donde la clasificación arancelaria presenta mayores desafíos. Estos son algunos de los más comunes:
Ropa y textiles
La clasificación de prendas de vestir varía según el tipo de prenda, género de uso, tejido principal y proceso de confección. Usar términos generales como “playera” o “blusa” no es suficiente.
Además, las reglas cambian si la prenda es de uso médico, industrial, infantil o personal.
Electrónicos
Los equipos electrónicos suelen tener múltiples componentes. Por ejemplo, una pantalla puede clasificarse diferente si tiene funciones de televisión, computadora o señalización.
También es importante saber si se trata de partes o productos completos.
Suplementos alimenticios
La clasificación de suplementos es particularmente sensible. Puede haber diferencias sustanciales dependiendo de si se considera alimento, medicamento, insumo o sustancia química. Esto también afecta permisos sanitarios y NOMs aplicables.
¿Qué pasa si ya cometí un error?
Si ya realizaste una importación con una fracción incorrecta, lo recomendable es hacer una revisión interna y solicitar una rectificación de pedimento a la brevedad. Si actúas antes de que la autoridad detecte el error, las sanciones pueden reducirse o incluso evitarse.
También puedes iniciar un proceso de “criterio anticipado” para futuras importaciones, en el cual el SAT evalúa y valida la fracción que propones, brindándote certeza jurídica.
Conclusión
La clasificación arancelaria no es un detalle menor ni un trámite automático. Es la base sobre la cual se calcula todo el proceso aduanal. Un error aquí puede multiplicarse en costos, demoras y sanciones.
Por eso, lo más recomendable es integrar este tema en tu estrategia logística y comercial, con el mismo nivel de importancia que otros aspectos clave como el transporte, los seguros o la selección de proveedores.
Apoyarte en expertos, validar tus fracciones y tener documentación clara son pasos indispensables para operar con seguridad y eficiencia.



